Todos los caminos llevan a todo lado

La doctora Margareth Collins, de la Facultad de Antropología de la Universidad de Michigan, proclama que todos los caminos llevan a cualquier lugar, y que Roma no es más que uno de los tantos destinos posibles.
Siguiendo su lógica, respondí que podríamos decir que la capital del mundo moderno puede ser Seúl, Río de Janeiro o Patacamaya. Obviamente, para mí es Patacamaya, pues fue allí donde Juliana Colque elaboró la máxima de la filosofía boliviana: “Todo el tiempo, absolutamente todo el bendito tiempo, ha pasado, pasa y pasará en mí y en mi presente”.
A modo de explicación de su máxima, expuse que para matar a Cristo basta con hojear un evangelio, que para visitar la Edad Media es suficiente leer un horóscopo en la peluquería, y que para ver el futuro basta con imaginarlo.
—Tiene razón, la percepción es la única realidad —dijo Margareth, con tono cansado, mientras acababa su vino. —Pero eso mismo lo dijo Platón hace 2300 años —complementó.
—Bueno, Platón dijo todo lo que se puede decir —respondí, para aliviar un poco su injusta comparación.
Al despedirnos, me di cuenta de que nunca más la volveré a ver. Es decir, si la vuelvo a ver mañana o pasado, seguramente no será la misma Margareth de hoy (o de hace algunos minutos). Yo tampoco seré el mismo: seremos ambos dos desconocidos que se esfuerzan por reconocerse.
Tomamos tanto que no me acuerdo si la abracé o no. Elijo imaginar que sí, así, cuando vuelva a leer este texto, la abrazaré de nuevo.













