No es lindo lo que es lindo

No es lindo lo que es lindo

El consenso general es que Wrocław es la ciudad más hermosa de Polonia, y hoy no puedo hacer más que (sin ninguna exageración) confirmar tal afirmación.

Es cierto que la belleza es un concepto indefinible y abstracto (prácticamente todos los conceptos lo son; al final, ¿qué es el color rojo? ¿O la democracia? ¿O la maza sin cantera?), pero fueron innumerables las esquinas en las que me quedé inmóvil y boquiabierto. Hay una sutileza tal en la elección de los colores, en las formas, en los tonos de las paredes y la vestimenta de la gente, en las delicadas palabras polacas (tak, czy, nie) y en la conservación visual, que pocas veces vi algo así en mi vida.

Además, hace unos cuantos años los pobladores decidieron protestar, y qué mejor forma de hacerlo que inundar la ciudad con pequeñas esculturas de gnomos. Los registros dicen que son casi un millar y están por todos lados, como una dulce plaga de metal que recuerda que, a veces, las cosas más inservibles pueden provocar una inmensa felicidad.

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