Los violinistas del Titanic

Los violinistas del Titanic

Desde anteayer que varias personas, en este pueblo italiano perdido en el mapa, comenzaron a armar campañas para buscar alojamiento, comida y ropa. El sábado llega una señora de Ucrania con su hijito, el domingo llega otra con una niña de 4 meses y un niño de 5 años. Una amiga en Polonia me dijo que es increíble como la gente de su país se esta organizando, prácticamente no quedan espacios para ser voluntaria en las diferentes actividades, hasta parece que sobran manos.

En Francia leí un artículo sobre los refugiados "de primera" y "de segunda", hacía varias comparaciones con la reacción social ante la crisis migratoria de Siria de hace pocos años. Admito que es extraño el deborde de solidaridad en este continente, donde yo sentía que el individualismo había vencido a lo colectivo hace ya mucho tiempo. Pero bueno, estar equivocado es mi estado natural.

Ultimamente se me ha dado la manía de ver mucho a las decenas de líneas que dibujan los aviones en el cielo, pienso a ratos que alguna de esas es en realidad un misil que trae en su cabeza unos átomos locos, que no se entienden entre sí y que explotan a la mala; un poco como las niñas y niños en una escuela, o como los adultos en cualquier arena política o futbolística.

Ya va una hora que estoy pensando en si los violinistas en el Titanic se daban cuenta de que el barco se hundía, es decir, no sé si lo suyo fue un verdadero acto de estoicismo o simplemente estaban muy concentrados en su arte y no les importaba la realidad. "Pienso más lo segundo" me dijo la Maga de Cortazar antes de irse a dormir.

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