Las Malvinas perdidas

Las Malvinas perdidas

—Ya llegará el día en el que los ingleses devuelvan las Malvinas —dije con un tono optimista a Julieta.

—Los británicos —respondió en seco.

—Sí, bueno… británicos, ingleses…

—No es la misma cosa. Los ingleses son británicos, pero los británicos no son necesariamente ingleses —dijo un poco fuerte y con algo de rabia ante mi ignorancia.

Decidí callarme y darle aire a la conversación. Un poco más calmada, Julieta me explicó que los británicos son la gente que vive en el Reino Unido, que es un país compuesto por cuatro: Inglaterra, Escocia, Irlanda del Norte y Gales. Que Gran Bretaña es el nombre de la isla, que no incluye a Irlanda. Que los británicos a veces actúan separados, como en los mundiales de fútbol. Que hay una Mancomunidad de Naciones que es una especie de resabio del imperio y que países tan lejanos como Canadá siguen siendo una especie de monarquía británica.

Traté de concentrarme en sus palabras, pero me quedé hipnotizado en su mirada incisiva y ese tono de voz tan rígido. Me di cuenta de que toda esa información era completamente innecesaria para mis oídos. Al final, ¿qué me importa si algo es un país, una región, una provincia, una capital, un cantón o un reino? Casi cometí el error de romper lo serio del asunto diciéndole que entonces al Diego le faltó meter tres golazos a los otros países restantes para vengar a las Malvinas, pero preferí callarme.

Obviamente, esa noche volví solo a casa y me sentí como un burro total. Es más, recuerdo que, antes de dormir, me puse a rebuznar un poco.

Hoy, al despertar en Cardiff, me acordé vívidamente de ese día y pensé mucho en Julieta. Seguro está casada con algún neurocirujano, un abogado constitucionalista o algún famoso activista medioambiental. Seguro vive feliz con ese tipo de gente que conoce de geopolítica pero no tiene ni idea de cómo se puede destrozar a un país entero metiendo un gol con la mano.

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