La ropa del tío

La ropa del tío

Estaba hablando con la Claudia sobre política y me contó que tiene un tío medio famoso. Dice que ocupaba un altísimo cargo de autoridad en el país y que estuvo involucrado en un evento importante de Naciones Unidas en Nueva York. Al volver al país, su tío hizo un tour por todos los canales de televisión para explicar esa notable participación y los planes de Bolivia en el plano internacional.

Todos los familiares estaban atentos a cada intervención, a nadie le importaba mucho el tema, solo que uno de los suyos estaba en la tele. El problema es que ya, en el tercer show, su hermana Julieta dijo “¡Che!, que alguien le diga que se compre otro saco, está yendo con la misma ropa a todos canales, que va a decir la gente”.

Hasta ese punto nadie se había dado cuenta del problema, que no hacía más que crecer y crecer. Ya nadie podía verle la cara al tío, ni le escuchaban, toda la atención estaba en el mismo saco azul de pana. Tampoco nadie quería pecar de superficial, al final, el tío estaba ocupado en los abstractos destinos de nuestra patria y seguramente no tenía tiempo para pensar en su vestimenta.

Julieta decidió agarrar al toro por las astas y decirle de frente que se compre un nuevo saco, pero parece que la intervención en Nueva York finalmente no fue muy fructífera, y a los pocos días, el tío se quedó sin trabajo. Eventualmente el asunto se volvió un chiste familiar que se cerró en navidad, cuando recibió cuatro sacos distintos de regalo.

Pese a que he insistido hasta el hartazgo, la Claudia no me quiere decir el nombre de su bendito tío. Ahora pienso que toda su historia es solamente una metáfora; pronto la veré, por si acaso iré con ropa nueva.

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