La florida

Siempre me ha parecido que Florida es una extensión natural de América Latina. Es muy extraño encontrar a un estadounidense aquí, a veces se les ve bajando de un discreto auto de diez o veinte metros de largo; otras, aparecen de la nada, saludando o pidiendo que Dios me bendiga.
El idioma es muy peculiar, parece un español al que le faltan la mitad de las consonantes y le sobran anglicismos. Pero no es tan grave, se les entiende, igual mientras se tenga una sólida tarjeta de crédito en el bolsillo, todas las puertas se abren con mucha amabilidad.
Nunca he comprendido su concepto del dinero. A cualquier precio hay que añadirle impuestos, propinas, cargos por servicio, por mantenimiento y por hacerlo de buena gana. Pagar se convierte en una especie de ritual de buena suerte; supongo que es parte del sistema.
Creo que tampoco existe aquí el concepto de transeúnte o peatón. Me gustaba pensar que pasear por las inmensas calles vacías hacia la nada era mi acto más transgresor y revolucionario.
Seguro pensaban que se me averió el auto.













