Guillermo

No me acuerdo si fue Guillermo del Toro (o Cuarón, o Iñárritu), o si era Julieta hablando de Guillermo del Toro (o de Cuarón, o de Iñárritu), sobre cómo, en los eventos y festivales de cine, en las convenciones, en los restaurantes, cafés e incluso a veces en la calle, se le acercaba gente con un guión o proyecto cinematográfico.
Julieta (sí, era ella) decía que todos esos proyectos eran maravillosos: historias increíbles, mágicas, algunas tan trabajadas que ya tenían actrices y actores listos. Obviamente, la piedra en el camino era el financiamiento. Fue entonces que Guillermo del Toro (sí, era él) se puso filosófico y, ante la enorme cantidad de películas que nunca se hacían, se dio cuenta de que ese era el estado natural de las mismas. Es decir, las películas normalmente no se filman ni se muestran; una película que llega al cine es algo muy extraño, prácticamente un error. Lo más lógico, corriente, usual, es que los filmes no sean más que el sueño en la cabeza de alguien con mucho entusiasmo.
Me dio un poco de pena escuchar eso, y Julieta dijo que las relaciones amorosas eran iguales; lo más normal son las separaciones, los divorcios, los engaños, los malos momentos. Una pareja feliz es lo más raro que existe; eso es para la gente anormal. La mayoría de nosotros irá de fracaso en fracaso amoroso (o estaremos estancados en un tedio eterno) hasta la tumba.
En ese momento no sé si estábamos hablando de películas o de lo triste que estaba Julieta por su realidad. Me acordé de un cura de pueblo que había dejado de creer en Dios pero seguía dando misas, pues no tenía nada mejor que hacer. Obviamente, no fue una buena idea mencionarlo.











