El grito de las hormigas

El grito de las hormigas

Nelson Mandela y Jose Mujica comparten tres cosas fundamentales. La primera es que fueron revolucionarios que acabaron encarcelados por sus ideales. La segunda es que llegaron a ser presidentes y figuras de influencia global. La tercera, y menos conocida, es que ambos podían comunicarse con las hormigas.

Maria Wojcik, una entomóloga polaca, tuvo la oportunidad de entrevistarse con ellos para recuperar su testimonio.

—Mi mamá pensaba que estaba loca, pero ahora tengo la prueba de que una puede hablar con los bichos— decía mientras me mostraba sus apuntes de las entrevistas. —Me apena que se haya muerto antes de ver este trabajo, pero los padres tienen esa manía de morirse cuando una más los necesita—.

Estábamos algo apurados, así que, revisando sus papeles, me enfoqué solamente en lo que decía Mujica. Al parecer, lo primero que vio fue que las hormigas gritaban instrucciones entre sí. “Estos bichos son muy obedientes. No dudan. Parece que la mentira no existe en su sociedad, aunque también tienen sus momentos de ocio. Cantan canciones y tienen una poesía rústica, no pueden rimar pero si enaltecen lo dulce de la vida” se leía en el testimonio del Pepe.

Maria me confiesa que no es tan difícil comunicarse con ellos. —El problema es que la gente no aguanta ni dos segundos con cualquier insecto, que grita y lo mata. Los más sensatos los botan al jardín, pero en esas condiciones es imposible tener una relación sana y cordial con ellos— dijo con seriedad y no pude evitar reírme.

Creo que se ofendió cuando le conté que en el libro latinoamericano más famoso, a la personaje principal, se la comen las hormigas. Igual me puse nervioso y comencé a decir estupideces, como que una vez me comí media mosca de un pote de mermelada tarijeña. O la vez que a mi abuela le picó una abeja.

Hasta me sentí aliviado cuando se despidió pues yo no paraba de decir sonseras. Dudo volver a verla en mi vida. Igual, no importa, ya llevo cuarenta minutos de vergüenza siguiendo a una mosca en el boliche.

Seguro que cualquier rato me saluda.

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