El divorcio laboral

El divorcio laboral

"He pasado casi nueve años de mi vida divorciando gente y creo que ya nada puede sorprenderme. Mi trabajo es monótono pues los casos son prácticamente idénticos: padres que no pagan pensiones, madres que no dejan ver a los hijos e interminables peleas por dividir los bienes.

En una separación, hasta las personas que parecen maduras se convierten en bebés caprichosos. Nadie tiene el valor de aceptar sus errores, te llenan de excusas y explicaciones sin fin. Todo el mundo es una víctima para sacar algo de provecho con la pena ajena. Nunca conocí a una sola persona que diga: ‘Si, la cagué. Hice todo mal y merezco que me caiga un yunque en la cabeza’. Todo el mundo quiere mis consejos y compasión; ¡Y se los cobro! ¡Cada maldita carta notariada es un mes de alquiler! ¡Cada citación judicial es mi almuerzo de dos semanas!

Pero ya no aguanto más, ¡Estoy podrido de ser el basurero de los problemas ajenos! ¡Que se maten ellos, las suegras, que las criaturas se partan en mil y que las propiedades ardan en el infierno!”

—Ricardo andá a dormir que mañana tienes que ir a la Fiscalía temprano— fue la voz femenina que mandó al resto de borrachos fuera de la casa. Por alguna razón el frío, los criminales y la inseguridad de la calle eran insignificantes esa noche.

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