El calor del cielo

El calor del cielo

Últimamente en mi pueblo hace un poco más de calor y puedo aprovechar para pasear en bicicleta junto a la dulce Rocamadour. —Es raro que existan palabras como 'gigante', 'hada' o 'duende', ¿no? Esas cosas nunca existieron. No es difícil nombrar cosas imaginarias, pero lo difícil es que se vuelvan creíbles. Es decir, si digo 'hada', todo el mundo sabe de qué estoy hablando, pero si digo 'jeragto', nadie me entendería— me comentó.

Yo no tenía nada que decir y me puse a imaginar cómo se vería un 'jeragto'. Después de unos minutos logré visualizarlo, lo vi tan claramente que pude describirlo. —¡Bravo! ¡Eso es exactamente un jeragto!— manifestó Rocamadour y volvimos a filosofar sobre su duda inicial.

—Al final, es absurdo que las palabras logren superar a la realidad. El lenguaje es la forma más torpe de comunicarse. Por ejemplo, ¿por qué en Navidad escribes "Querido Santa" si es un hombre?— le dije.

Nunca respondió.

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