Borges en Suiza

Borges en Suiza

El tío de Rocamadour es un incansable aventurero de la literatura. Hace unos días me contó que fue a visitar la plaza Dufour (o Dubourg, nadie sabe) en Ginebra y no pude aguantar la tentación. Hoy tomé un tren y fui directamente ahí, a ver ese lugar de cemento y cuatro plantas.

Según una investigadora, este es el lugar en el que el padre de Jorge Luis Borges mandó a su único hijo a un bórdel. La investigadora llegó a esa conclusión gracias a algunas líneas del famoso cuento “El otro” y restos de archivos de la ciudad.

La verdad es que ahora no queda nada, el cemento es el mismo. Tiendas de huevadas y gente tomando autobuses (o café) a quién sabe dónde. Me quedé un rato buscando alguna ventana, aunque en realidad estaba consciente de lo que hacía: nada.

—Que chistoso que el ciego más famoso de la literatura (como repite el Cachín), haya descendido por primera vez, a los placeres carnales en alguna de estas casas— me dije antes de irme.

De la plaza no queda nada en mi recuerdo. Capaz tan solo la confirmación de que ningún evento es realmente relevante, ni nadie realmente importante.

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